Todos
los perros se van al cielo
El
espíritu de San Francisco de Asís:
Francisco
de Asís es conocido como el patrono y protector de los
animales. Por algo, cada 4 de octubre cientos de personas llevan
sus perros a distintos lugares de Santiago, para buscar la bendición
de este santo para cada una de sus mascotas. Así, según
el sacerdote franciscano, Raúl Allinant, "la muerte
del animal para muchas personas es equivalente a la de un ser
humano". Una cosa para la que la mayoría de la gente
no está preparada. Pero aunque no lo estemos, la naturaleza
siempre sigue su curso, San Francisco respetaba y quería
a los animales por el solo hecho de ser hijos de Dios, por el
hecho de venir del Creador.
La
pérdida de nuestro compañero de andanzas es un dolor
único e irrepetible. Una experiencia que hay que vivir
en carne propia para poder entenderla
Echamos de menos sus
ladridos, sus juegos e incluso sus olores
Porque sabemos
por lo que estás pasando, Vida de Perros te da algunas
pautas para sobrellevar este difícil momento.
Pocas
pérdidas duelen tanto como la de nuestra mascota
Y es que son años de complicidad, entrega mutua y compañerismo.
Al comienzo, negamos lo ocurrido, buscamos a Boby por todos los
rincones de la casa, pero no está en ningún lado.
Luego, nos invade un vacío profundo. Las penas se agolpan
en el pecho y, aunque intentamos controlarlo, las lágrimas
comienzan a rodar por nuestra cara.
Recuerdo,
como si fuera ayer, que vi a un hombre musculoso y casi omnipotente
llorar como Magdalena porque le habían atropellado a su
fiel amigo. Sentado a un costado de la berma, este joven de manos
y hombros anchos abrazaba el cuerpo inerte de su perro sin consuelo:
lo trató de revivir durante largos y eternos minutos y,
cuando se dio por vencido, la impotencia y tristeza se tradujeron
en un grito estremecedor.
Obvio.
Había perdido a un gran compañero: esos que se cuentan
con los dedos de una mano y con los que se escribe una historia
de a dos.
Así,
nuestros incondicionales perrunos llegan a nuestras vidas como
un juego del azar que -cuando se van- nos dejan en el alma un
vacío inmenso. Pero, ojo, que nada pasa por casualidad,
al contrario, todas y cada una de las experiencias vividas tienen
su razón de ser.
Si
nunca has vivido este sufrimiento, analiza un poco, qué
te ha enseñado ese amigo de cuatro patas que, está
echado a tus pies
Sin
titubeos las respuestas son definitivas: amor, entrega absoluta
y responsabilidad. Valores que se acrecientan en cada animal.
Enseñanzas
y pautas de vida que nos permiten ser mejores personas, olvidarnos
un momento de nosotros mismos para entregarnos a los demás.
Una política que ponemos en práctica desde el instante
en que el cachorro pone una pata en nuestra casa. Así,
lo que se inicia como una relación distante se transforma
con el tiempo en una amistad entrañable imposible de no
extrañar.
Pero
este amor bidireccional no se corta con la muerte de la mascota.
Sigue vivo en nuestros recuerdos y pensamientos. Sabemos en carne
propia lo difícil que es enfrentar esta pérdida:
una etapa llena de melancolía y tristeza que hay que vivir
a fondo para resignarse.
Por
lo mismo, es esencial saber cómo se desarrolla el proceso
de duelo por BOBY.
Las
enseñanzas de nuestra mascota :
Y es
que por algo BOBY se ganó su espacio en nuestra familia.
Su compañía nos permite manifestar nuestras emociones
y aminorar el estrés. Entregándonos enseñanzas
de vida como:
- Aprender
a cuidar del otro:
Ya
que el perro no es autosuficiente, depende absolutamente de nosotros.
- Manifestar
los afectos:
Nos
permite acariciarlo y, por ende, desarrollamos mejor la sensibilidad,
la ternura y el cariño hacia un tercero.
- Jugarse
en un amor más profundo:
Yo
me preocupo del otro y realizo un acto de generosidad.
- Educar:
A través
del adiestramiento del perro aprendemos a enseñar hábitos
y normas a los demás y ponemos en práctica lo que
nos han enseñado.
- Entender
el ciclo de la vida:
Sobre
todo en el caso de los niños, aprenderán que todos
nacemos y moriremos alguna vez.
El
duelo de un amigo :
Al
igual que con la muerte de un ser humano, el duelo de un perro
implica para nosotros, las personas, aceptar que alguien significativo
se ha ido para no volver más. Éste es un proceso
y, por ende, hay que vivirlo como tal.
Para
ello, es fundamental celebrar un rito de despedida para nuestro
querido amigo, ya sea enterrándolo en el jardín
de la casa, rezando una oración o llevándolo a algún
cementerio.
Es
vital recobrar el cariño de nuestro compañero perruno
a través de las innumerables anécdotas que vivimos
junto a él.
Otra
cosa importante es ir aceptando este sentimiento de tristeza,
no negarlo, y por ende darse espacio para llorar.
También
es esencial, rodearse de un buen círculo afectivo, pues
una pena compartida y expresada equivale a media pena.
Hablar
del tema alivia el corazón y nos permite integrar la muerte
a la vida.
Con
el tiempo, la pérdida pasa a ser un recuerdo en nuestras
memorias.
El
duelo patológico:
Vivir
la pena es el principio de la curación. Si uno no vive
el duelo y lo evade, comienza un duelo enfermizo, que genera en
la persona una rigidez emocional que podría llevarla a
no querer tener más un perro para no volver a sentir esa
tristeza. Sin embargo, el negarse el dolor equivale a negarse
el amor. Por lo mismo, recomendamos que cuando tu mascota comience
a enfermarse, o los años comiences a notársele integres
a la familia un segundo integrante perruno para aminorar, así,
el dolor de la pérdida de nuestro compañero senil.
Pero
las reacciones ante el fallecimiento de nuestro mejor amigo son
tan variadas como personas hay sobre la Tierra. Pese a esto, hay
pautas que se repiten:
La
muerte según cada etapa de nuestra vida:
El
niño:
Si
el niño está en edad preescolar creerá que
la muerte de su mascota es temporal, tal como ha aprendido en
las caricaturas de los monos animados. Por lo mismo, es vital
que le enseñemos a enfrentar esta realidad asistiendo a
la despedida de su fiel amigo, es decir, que lo vea sin vida,
que lo pueda acariciar e incluso ayude a enterrarlo, así
no estará expuesto a ambigüedades. Más grande,
entenderá la muerte como lo hace un adulto, pero jamás
creerá que esto podría ocurrirle a alguien cercano
a él. Por ende, es muy importante prepararlo para este
sufrimiento de antemano, es decir, si Boby está enfermo
decirle la verdad y las consecuencias que ello implica.
La
pérdida en una pareja sin hijos: Para un matrimonio
sin descendencia, la mascota pasa a ser un verdadero hijo, por
esto, es primordial rescatar los valores que nuestro amigo perruno
nos entregó día a día. Ser agradecidos de
la posibilidad de haberlo tenido entre nosotros, mantenerlo vivo
en nuestros recuerdos y llenar ese vacío volcando nuestro
amor hacia un nuevo integrante de cuatro patas: sólo así
aminoraremos la tristeza y daremos felicidad a un nuevo ser vivo.
El
dolor de un anciano: No es extraño ver caminar
por las calles a dos viejos amigos, una está con correa
y el otro camina a paso lento y ayudado por un bastón
Cuando se muere la mascota de un anciano es fácil que caiga
en la absoluta tristeza, por eso, cuando Boby se haga viejo es
vital regalar al abuelo un segundo nieto de cuatro patas, sólo
de esta forma la alegría del nuevo perrito aminorará
la muerte de su amigo de años.
La
vida es cíclica: sabemos cuándo nacemos
pero jamás cuándo moriremos
Así, hay
que aprovechar cada nuevo día que nos toca vivir y más
aún si es al lado de un pulguiento y excelente amigo como
es nuestro perro.
Valóralo
si lo tienes junto a ti, ya que es fácil darse cuenta de
lo que tenemos una vez que lo hemos perdido.
"Vivir
la pena es el principio de la curación, si uno no vive
el duelo y lo evade, comienza un duelo enfermizo, que podría
desencadenar una rigidez emocional".
Carabineros,
un ejemplo de amor a los animales
Pero
si hay alguien que conoce de amistad perruna-humana ese es el
carabinero
Hombres que tienen a su cargo el adiestramiento
de perros policiales: compañeros de trabajo y de vida que
se cruzan en el camino del uniformado con apenas diez meses de
existencia, y que con cada acto de servicio van calando más
hondo en el corazón de su entrenador.
Cuando
muere algún perro, la pena en la unidad es profunda, la
solidaridad entre compañeros se manifiesta en una despedida
conjunta hacia ese servidor de cuatro patas, que tanto dio a la
institución.
La
despedida es un acto de agradecimiento en el que toda la unidad
se forma en dos filas y al medio está el perro muerto cubierto
con la capa de la institución. En el último adiós
no sólo hay humanos, sino también están los
perros del escuadrón, quienes, como símbolo de fraternidad,
levantan sus manos para despedir al valiente caído. En
la ceremonia, los uniformados hablan de los atributos de la mascota
fallecida que, al ser enterrada, tiene una plaquita recordatoria
en su honor.
Plegaria
del Perro
Dame
un pan amo mío y yo te daré toda mi lealtad, si
sabes del dolor de la vida y tu corazón sangra silencioso,
yo me acercaré humildemente a ti, y lameré tus manos
extendidas al desaliento.
Vive
seguro de tu heredad, de tu casa, de tu rancho lejano en la montaña,
porque han de matarme primero antes que permitir que nadie coja
el tuyo.
Llévame
contigo de caza, a la mina, a tu trabajo o a la guerra y pondré
mi fuerza, mi astucia, mi valor y mi vida para servirte hasta
el fin.
Y si
mañana mueres en el desierto o en servicio policial lloraré
a tu lado hasta morir también.
Curso
1997